La RFID se presenta a menudo como la solución para la trazabilidad y el control del stock. Es una tecnología potente: identifica productos sin visión directa y sin que nadie tenga que leerlos uno a uno. Pero una etiqueta solo genera datos. El valor aparece cuando esos datos alimentan un proceso que alguien utiliza para decidir.
Preguntas antes de elegir tecnología
- ¿Qué productos justifican la identificación automática? Normalmente los de alto valor, los que tienen requisitos de trazabilidad regulatoria o el material en depósito.
- ¿Dónde se consumen y quién los retira del almacén? La respuesta define dónde se colocan los lectores y qué tiene que hacer el usuario asistencial.
- ¿Quién actúa con la información y cuándo? Una alerta de stock que nadie recibe, o que llega tarde, no aporta nada.
- ¿Cómo llegarán los datos a los sistemas que el hospital ya utiliza, como compras, el ERP o la historia clínica?
Dónde suele aportar más valor
Implantes y productos de alto valor, material en depósito que debe conciliarse con los proveedores, y almacenes de quirófano o de salas intervencionistas, donde la rapidez importa y el registro manual no es fiable. En estas áreas, registrar qué se retira, cuándo y dónde, sin pedir pasos adicionales al personal, cambia la calidad de la información.
Un principio de diseño
Si la solución exige a la enfermería hacer más, no durará. El proceso debe diseñarse para que la identificación ocurra como consecuencia del trabajo normal. Por eso diseñamos primero el proceso, lo probamos en un área con el equipo que lo va a usar y solo después escalamos la tecnología.